A mi esposa siempre le gustaron los colores oscuros. Casi todo su vestuario -salvo el vestido de casamiento- está compuesto de tonos oscuros o eléctricos. Pero cuando llegó el momento de elegir un color para la fachada de nuestra casa la convencí de optar por un amarillo suave, porque considero que es amigable a la vista y da la sensación de familiaridad.
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